El Centro de Investigación Escénica El Teatrito, A.C. es una organización Cultural sin fines de lucro de carácter social comunitario que pretende la búsqueda y formación de públicos críticos y participativos, que se conviertan en promotores y difusores del arte, así como la profesionalización de hacedores de teatro a través de talleres y cursos de formación y perfeccionamiento en las diferentes disciplinas escénicas.


El Centro de Investigación Escénica El Teatrito, A.C. se funda en 1999 y se presenta a público en junio del 2000 con el estreno de la obra el Momento de saberse en el D.F., en agosto del 2001 se traslada a provincia después de generar dos espacios teatrales en la ciudad de México. Con la puesta en escena, Los Motivos de Antígona se inaugura El Teatrito, A.C. en Yucatán. Espacio que abre el intercambio artístico con otros grupos y proyectos tanto en México como en otros países generando el Festival Independiente de Teatro Intimo (FITI).


Así mismo El Teatrito forma parte del Proyecto de Investigación Etnográfica e Intercambio Artístico Cruzando Fronteras iniciativa del grupo El Galpón de las Artes de Mar del Plata, Argentina, que conjunta a grupos de Argentina, Ecuador, Portugal y México.


Nuestra poética estética se caracteriza por el pequeño formato, el teatro estático y por conjugar la teoría con la práctica, adaptando viejas técnicas a nuevos modelos, viejos modelos a nuevas técnicas, apostando siempre al espectáculo como pensamiento que impulsa la imaginación creativa, y como tal revolucionaria y transformadora, por tanto liberadora de realidades aparentes e impuestas.


Un teatro donde una pequeña masa pueda salir convertida en un grupo de individuos, un teatro que privilegia al individuo como parte esencial de una comunidad y no la masificación unificada de sujetos de consumo.


Hemos incursionado en diversos géneros teatrales pero principalmente el teatro del absurdo, sus raíces trágicas, la obsesión de la ausencia (memoria y olvido) y su condición onírica, como un teatro esencial. Así como en el teatro didáctico y el teatro infantil como un importante instrumento de comunicación en zonas periféricas en su mayoría olvidadas siempre por las políticas culturales.


Creemos en el teatro como un importante vehículo de conocimiento de la realidad socio-política y por tanto de la comprensión para transformar esa realidad en otros mundos posibles… social y ambientalmente justos.


EL TEATRITO Y EL TEATRO DE LA CRUELDAD

José Cueli señala que aquellos seres humanos socialmente arrinconados sufren un doble exilio: el de la exclusión del grupo al que arriban con quien no comparten ni las simbologías, ni la textualidad, y el otro, que pesa y gravita sobre todos nosotros: el del teatro de la crueldad.

Es en contra de ese teatro de la crueldad, en coincidencia con Antonin Artaud, que desde nuestro Centro de Investigación Escénica entretejemos intimidades en la esperanza de renovar utopías, forjar verdaderas amistades, aprender del trabajo de otros que no pueden esconder su talento y denunciar sin especulación la tremenda crueldad de aquel teatro. El Teatrito vs. el teatro de la crueldad. David contra Goliat. Resorteras contra espadas. Lucha en la cual no siempre triunfa el que tiene la razón, pero bien vale intentarlo.

El marginado es ese personaje que parece sumergirse cada vez más en las sombras en condiciones de extremo dolor y de un vivir infrahumano, donde desarraigo y falta de pertenencia son las coordenadas de su horizonte, nos dice José Cueli. El marginado es, decimos nosotros, ese ser humano obligado a vaciarse de humanidad, arrinconado contra la muerte lenta, pasto de las ocurrencias de mercachifles de todo tipo que intercambian vida de otros, por dinero o, por posturas e imposturas que pretenden exculparse del vivir de otros. Colgados como hilachas de los esfuerzos de otros, de la creatividad de otros, de la intimidad de otros, son muy conscientes que el dinero no da, lo que la naturaleza les niega: talento. De allí tantos gestos y señales en tanto náufragos sin luminosidad.

Crueldad en la experiencia de la marginalidad, donde todo pareciera situarse en el margen, al margen, en las fronteras, en el exilio, en la exclusión, en la tierra de nadie, en el desarraigo, en la no pertenencia, en el no ha lugar de la ley, en la fragmentación. Y es precisamente en los márgenes, en las fronteras, cruzándolas, de aquí para allá y de allá para aquí, el ámbito en el cual desde hace tiempo sentamos nuestros reales y desde donde combatimos la exclusión y el desarraigo; alzando la visión para superar la fragmentación en la tierra de nadie sí, por olvidada; allí donde las instituciones hace tiempo renunciaron a fomentar cultura creando nuevos públicos críticos. Es allí donde el marginado entre el dolor y el desencuentro … sólo sabe de hambre y miseria. Allí en el teatro de la crueldad es que medimos el “éxito” de las instituciones que por desidia o incompetencia gestan, producen y crean acorde a las necesidades de sus propios grupos e intereses sólo dolor y desencuentro.

Es allí donde nuestro diálogo encuentra sentido como verdadero vehículo de transformación. Es en este teatro de la crueldad sin rendijas para escaparse donde elegimos aplicar nuestra creatividad sin más satisfacción que unir nuestros esfuerzos con todos aquellos que deseen futuro. Simplemente futuro, en tanto el presente parece aparcado en el teatro de la crueldad que se come al planeta. Es en relación a esta realidad, enorme y cruel, que nuestro teatrito, ha elegido intimar con la gente del barrio, con los vecinos, con todo aquel que tome distancia de los deslumbrantes escaparates de los mercachifles de la cultura que nutren al teatro de la crueldad. Ese teatro de los escenarios preparados para atraer dólares y despreciar pueblo.

Vivimos en un tiempo en el cual una civilización cargada de barbarie ha generado obstáculos enormes en su pretensión de ser líder de un proyecto efímero, y conservar su liderazgo prometiendo lo que no puede cumplir. En el ensalzamiento de sí misma la civilización cargada de barbarie, ha destruido cultura a diestra y siniestra para luego confiscarles los pedazos más atrayentes y hacerlos suyos con el mismo afán de lucro con que las destruyó. Este es el teatro de la crueldad, el que tomamos como referencia para evitar complicidades que no queremos compartir y denunciar todas las atrocidades que vemos y entendemos. Nos codeamos con él sin aceptar su crueldad y sólo para descubrir en su seno los sujetos que lo enterrarán. Porque no vemos todo, ni entendemos todo lo que vemos, cruzamos fronteras, investigamos, invitamos a todos los que nos ayuden desde sus diferentes perspectivas a identificar al teatro de la crueldad, sus infinitos matices, sus trampas, sus armas. Los recurrentes intercambios con compañeros de otras geografías lo atestiguan y demuestran que las transformaciones y los diálogos empezaron hace tiempo y en muchas partes como reacción ha ese teatro de la crueldad.

Marzo 2010



EL SENDERO DE LA GORRA

Desde su fundación, El Teatrito, A.C. (Centro de Investigación Escénica) ha sido una entidad cultural y profesional inscrita como una asociación sin fines de lucro. Sus estatutos desde un principio la han dotado de la capacidad de acometer un amplio abanico de tareas ligadas al desarrollo de las artes visuales y escénicas y de la cultura en general.

Creemos que la noción "sin fines de lucro", debiera ser un elemento positivo en la acción cultural y no algo que merece castigo. Este concepto se maneja no pocas veces deformado bajo una óptica mercantil, como si pretendiera desacreditar la labor que se lleva a cabo desde esta visión no mercantil. Se ensayan incluso apreciaciones pueriles respecto a quienes desarrollamos la acción cultural desde entidades de este tipo, considerándonos unos ingenuos, unos abnegados, unos cándidos o unos tontos caprichosos. No cabe duda que se equivocan de medio a medio.

Sin fines de lucro no es sinónimo de estar fuera de la sociedad mercantil. Expresa, antes bien, la convicción de querer superarla y el ánimo de encontrar formas transicionales con ese preciso norte. No expresa una idiotez angelical ante los recursos, muy por el contrario, expertos en manejar recursos materiales escasos pretendemos demostrar que la creatividad puede reemplazar el desperdicio al que esta sociedad apuesta. Reciclamos, reusamos, reformamos, readaptamos y producimos, por convicción, un arte escénico con acento en las cualidades humanas desprovistas de toda la parafernalia mercantil.

Muchas entidades que se acogen a este principio saben muy bien lo que cuesta, no obstante, mantenerlas. La organización y coordinación de nueve festivales internacionales de teatro en nuestra ciudad y múltiples acciones culturales nos han permitido identificarnos continental y mundialmente con muchos grupos que comparten nuestra visión y enfrentan problemáticas semejantes. La cultura no es precisamente la debilidad de las políticas neoliberales. Todos contamos en ocasiones, eso sí, con aportaciones de trabajo voluntario, con solidaridades o reciprocidades y aportes de quienes valoran nuestras actividades.

No eludimos la obtención de beneficios que sean fruto de los servicios que podamos prestar a terceros o de reciprocidades de intercambio de bienes materiales o intelectuales que generamos. Siempre buscamos que dichos beneficios reviertan en nuestra propia entidad para hacer posible su desarrollo y favorecer el emprendimiento de las tareas que lleva a cabo: como bien del colectivo que los genera y que propenden al beneficio social. Y, por sobre todo, siempre conscientes de que el dinero nunca mide con corrección lo que ofrecemos, entre otras cosas porque dudamos que el ánimo de lucro sea un bien en sí mismo que garantiza la seriedad de un proyecto.

También somos conscientes de que los intereses de los "grupos amigos" o de quienes buscan su lucro individual se sitúan, en esta sociedad, siempre por encima de quienes pretendemos que el trabajo sea valorado por el público. Por eso no tenemos taquilla. Para eso intimamos con el público. Por ello debatimos con él, intentando abrir la posibilidad de generar, y generarnos como seres críticos y participativos de los procesos simbólicos y sociales de nuestra realidad comunitaria. Nuestro ánimo es transitar junto con nuestro público a formas más elevadas de juzgamiento que la del dinero. Sin embargo, prisioneros aún del mercantilismo de una sociedad mercantil ponemos una gorra y conminamos al público a depositar en ella lo que consideren o puedan depositar. Es nuestra convicción que los “pobres” también tienen derecho a la cultura.

No dejamos de percibir que el depredador económico, que todos llevamos dentro después de más de dos siglos de desiguales intercambios, suele disfrutar de más lustre que quien pone su esfuerzo en un trabajo solidario. Así lo percibe la masa, candorosa o necia, y por ello no nos cansamos de debatir con nuestro público.

Nuestra historia y experiencias son la mejor prueba de que vale la pena en tanto sumamos fuerzas contra la indiferencia.

Centro de Investigación Escénica, El Teatrito

Resistencia Artística contra la hipocresía y el olvido